Navarro la miró con una seriedad que no era dureza.
—Señorita, esta sala no cita a menores. Aun así, queda constancia de que usted habló por su propia voluntad. Señor Hale, siéntese o retírese. Las amenazas, aunque vengan disfrazadas de ciudadanas, se han acabado en mi acta.
Hale no se sentó. Miró a Khloe de un modo que me heló la nuca y después me miró a mí.
—Tienes hasta esta noche para retirar el papel —dijo—. Si amanece en el expediente, tu hija no va a perder un combate. Va a perder la academia, el colegio tranquilo y el cuento de que su madre escondía la fuerza para protegerla. Van a saber que la escondía porque tenía miedo. Y el miedo, Victoria, es lo único que de verdad enseñaste en trece años.
Salió. El asistente lo siguió con el maletín.