PARTE 2: EL HOMBRE AL QUE MIS HIJOS LLAMABAN PAPÁ

Seis horas después, aterrizamos en Boston.

Marcus había conseguido una dirección durante el vuelo.

Beacon Hill.

Una casa de ladrillo de cuatro plantas en una calle donde una propiedad costaba más que la mayoría de los edificios que yo controlaba en Chicago.

Miré la fachada desde el asiento trasero.

—Dijiste que su vida no era como suponíamos.

Marcus no contestó inmediatamente.

—Evelyn no necesitaba desaparecer porque estuviera huyendo de ti.

—Entonces ¿por qué?

—Porque tenía un lugar al que regresar.

Me entregó una carpeta.

La primera página llevaba un nombre.

Evelyn Carter Whitmore.

—Carter es su apellido de soltera.

—Lo sé.

Marcus señaló la segunda línea.

Whitmore Biomedical Holdings.

Fruncí el ceño.

Conocía el nombre.

Todo el mundo lo conocía.

—¿Qué relación tiene Evelyn con ellos?

—Su madre era Eleanor Whitmore.

Levanté la vista.

—¿La heredera?

Marcus asintió.

Eleanor Whitmore había muerto años atrás dejando una fortuna estimada en cientos de millones.

Durante seis años de matrimonio, Evelyn nunca me lo había contado.

O quizá, como con tantas otras cosas, yo nunca había preguntado.

—¿Y el hombre que respondió?

Marcus pasó otra página.

Dr. Nathaniel Carter.

Cirujano pediátrico.

Treinta y ocho años.

Fotografías.

Premios.

Publicaciones médicas.

—¿Su marido?

—Eso parece.

Apreté la carpeta.

—¿Cuándo se casaron?

Marcus guardó silencio.

—Marcus.

—No encontré certificado.

Lo miré.

—Entonces ¿por qué dijo que era su esposa?

—Eso es precisamente lo que no entiendo.

En ese momento se abrió la puerta de la casa.

Una niña salió corriendo.

Me quedé sin aire.

Llevaba un abrigo amarillo y dos pequeñas coletas.

Detrás apareció un niño.

Gemelos.

No necesitaba una prueba genética para sentir lo que ocurrió dentro de mí.

La niña se volvió.

Vi mi rostro de cuatro años.

Entonces apareció Evelyn.

Durante tres años había imaginado aquel momento cientos de veces.

Pensé que sentiría rabia.

No sentí ninguna.

Solo vergüenza.

Ella se agachó para cerrar el abrigo del niño.

Él dijo algo.

Evelyn sonrió.

Yo había olvidado aquella sonrisa.

Después Nathaniel salió.

La niña levantó los brazos hacia él.

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