—Está bien.
—No vuelvas a buscarme.
—¿Qué?
—Por favor.
Y se fue.
Ese mismo día regresé a Monterrey antes de lo previsto.
Intenté convencerme de que la sangre podía deberse a cualquier cosa.
Una alteración hormonal.
Una lesión menor.
Su periodo.
Pero su cara no encajaba con ninguna explicación simple.
Le escribí:
“¿Estás bien?”
No respondió.
Dos días después:
“Solo dime que fuiste al médico.”
Nada.
Una semana:
“Mariana, no voy a molestarte más. Solo necesito saber que estás bien.”
Silencio.
Entonces bloqueó mi número.
Me obligué a parar.
Pasaron treinta y tres días.
Yo estaba en una reunión cuando mi celular vibró.
Número de Quintana Roo.
Lo ignoré.
Volvió a llamar.
Salí.
—¿Bueno?
—¿Señor Andrés Lozano?
—Sí.
—Mi nombre es doctora Inés Aguirre. Hablo del Hospital Costa Azul, en Cancún.