VOLVÍ A DORMIR CON MI EXESPOSA DURANTE UN VIAJE DE TRABAJO. AL AMANECER, UNA MANCHA DE SANGRE EN LA SÁBANA ME DEJÓ PARALIZADO… Y UN MES DESPUÉS, UNA LLAMADA DESDE UN HOSPITAL EN CANCÚN ME REVELÓ POR QUÉ AQUELLA NOCHE NUNCA FUE UN ACCIDENTE

—Lo sé.

Hubo un silencio.

Después Mariana me miró.

—Perdón.

—Yo también.

Eso habría sido un buen final.

Dos exesposos frente al mar.

Aceptando que fallaron.

Regresando cada uno a su vida.

No ocurrió así.

No recuerdo quién besó a quién.

Tal vez los dos.

Solo recuerdo pensar:

Esto es una mala idea.

Y no detenerme.

Volvimos al hotel.

No hicimos promesas.

No hablamos de volver.

No dijimos “te extrañé”.

Aquella noche fue familiar y extraña al mismo tiempo.

Como entrar en una casa donde viviste años y descubrir que alguien movió todos los muebles.

Después dormimos.

Cuando desperté, el sol ya entraba con fuerza.

Mariana estaba junto a la ventana.

Llevaba mi camisa.

Por un segundo sentí una paz tan absurda que casi me reí.

—¿Qué hora es?

—Tarde para alguien con una junta.

Me incorporé.

Entonces vi la sábana.

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