Trabajo para otra empresa ahora.
La primera vez que volví, pasé por aquel bar.
No entré.
Seguí caminando hasta la playa.
Me quité los zapatos.
Pensé en aquella noche.
Durante mucho tiempo la llamé un error.
Después pensé que había sido una despedida.
Hoy creo que fue algo intermedio.
Dos personas que habían dejado de saber cómo ser marido y mujer, pero que todavía se conocían lo suficiente para reconocerse en una habitación llena de extraños.
La mancha en la sábana fue la primera grieta.
La llamada del hospital abrió el resto.
Y la verdad que encontré detrás no fue que Mariana me hubiera manipulado para volver.
Fue peor.
Y también más triste.
Ella sabía que estaba muriendo.
Sabía que yo estaba entrando sin querer en una investigación que podía afectarme.
Y quiso verme una vez antes de desaparecer.