Cuándo.
Cómo.
No siempre lo hizo bien.
No todo lo que hizo fue justo.
Pero ya no necesito convertirla en santa para extrañarla.
Antes de morir dejó el pequeño departamento de Playa del Carmen a una fundación de apoyo para mujeres con cáncer ginecológico.
Las cartas me las dejó a mí.
Todavía las tengo.
No leo todas.
Hay una que sí.
La última.
La escribió después de aquella noche en el hotel.
“Esta mañana Andrés vio la sangre.
Su cara fue exactamente la razón por la que no quería decirle.
Se asustó como si pudiera perderme.
Y durante tres años pensé que él ya me había perdido.
Tal vez ése fue mi error.
Creí que divorciarse significaba dejar de importar.
No significa eso.
Solo significa que el amor tuvo que cambiar de forma.”
A veces regreso a Cancún por trabajo.