Lo nuestro murió como mueren algunas relaciones largas.
Despacio.
Entre trabajo.
Cansancio.
Orgullo.
Cosas pequeñas que dejamos de reparar porque siempre pensábamos que habría tiempo.
Yo trabajaba para una firma de desarrollo inmobiliario en Monterrey.
Mariana había dejado su empleo como administradora financiera poco antes del divorcio y se había mudado a Playa del Carmen para entrar a una cadena hotelera.
Después de firmar los papeles, hablamos un par de veces.
Primero por asuntos legales.
Luego por la venta de un coche.
Después nada.
Sabía de ella por amigos.
Que estaba bien.
Que había adelgazado.
Que vivía cerca del mar.
Que no parecía tener pareja estable.
Yo hacía como si no me importara.
Mentía.
No quería volver con ella.
Eso también era verdad.
Pero una persona puede dejar de querer una vida y todavía extrañar a quien estaba dentro.