Escuchar tu voz.
Recordar qué éramos antes de convertirnos en dos personas que se lastimaban en silencio.
Si consigo eso, será suficiente.”
Lloré sentado en el piso.
Pero había algo más.
En el cajón del escritorio encontré documentos médicos.
Y junto a ellos una carpeta que no tenía relación con su enfermedad.
Era de la empresa hotelera donde trabajaba.
Movimientos financieros.
Facturas.
Correos.
Nombres.
Al principio no entendí.
Después vi uno conocido.
La constructora para la que yo trabajaba.
Mi empresa.
Más específicamente:
el proyecto por el que me habían enviado a Cancún.
Llamé a Verónica.
—¿Qué demonios es esto?
Silencio.
—No puedo hablar por teléfono.
Nos vimos en una cafetería.
La abogada llegó con otra carpeta.
—Mariana descubrió irregularidades hace casi un año.
—¿Qué tipo?
—Pagos inflados.
Empresas fachada.
Comisiones.
Compra de terrenos a través de intermediarios.