—¿Reconoces a este niño? —preguntó.
Miré la fotografía.
No.
Nunca había visto aquel rostro.
—No, señor.
Artur respiró profundamente.
—Ese niño se llamaba Daniel. Era mi nieto.
Me quedé inmóvil.
—¿Era?
—Murió hace veintisiete años. O eso fue lo que mi familia me hizo creer.
Sentí un escalofrío.
—No entiendo.
Artur se levantó lentamente, apoyándose en su bastón.
—Lo que voy a contarte explica por qué te elegí a ti para casarte conmigo. Y también explica por qué mis hijos tienen tanto miedo de que sigas viviendo en esta casa.
Entonces abrió la segunda carpeta.
Y comenzó a contarme una historia que jamás habría imaginado.
1. El hijo que desapareció
Artur había sido propietario de una importante empresa farmacéutica.
Había comenzado con una pequeña distribuidora y, durante décadas, había construido un imperio.