—Madison no es quien usted cree, señor Morgan —dijo Patricia Holloway.
Sentí que el teléfono se volvía demasiado pesado entre mis dedos.
—Explíquese.
—Claire descubrió que esa mujer conocía a alguien de su familia mucho antes de empezar su relación con usted.
Miré hacia el dormitorio.
Madison estaba sentada sobre las sábanas blancas, observándome.
—¿A quién?
Patricia guardó silencio.
—Su hermano Alexander.
El mundo pareció detenerse.
Alexander Morgan.
Mi hermano menor.
El hombre que llevaba años acusándome de haberle robado la presidencia de nuestra empresa familiar.
—Eso es imposible —murmuré.
—Mi cliente conserva documentación sobre esa relación. No estoy autorizada a compartirla con usted.
La llamada terminó.
Permanecí inmóvil.
Entonces Madison se levantó de la cama.
—Daniel, me estás asustando.
Me volví lentamente.
—¿Desde cuándo conoces a Alexander?
Su expresión cambió.
Fue apenas un segundo.