No olvidé aquellas palabras.
Epílogo: El hombre de la banca
Un año después, Walter ya caminaba con bastante más seguridad.
Había recuperado parte de su independencia y había vuelto a participar en reuniones de antiguos militares.
Mariana lo visitaba regularmente.
Y la investigación sobre las presuntas irregularidades de la asociación había seguido su curso, con declaraciones y documentación que permitieron a las autoridades examinar las responsabilidades correspondientes.
Walter también comenzó a colaborar como voluntario en un programa de acompañamiento a personas mayores y veteranos que vivían solas.
Un domingo me invitó a una pequeña reunión.
Había unas veinte personas.
Algunas utilizaban sillas de ruedas.
Otras caminaban con bastones o prótesis.
Walter se levantó para hablar.
—Durante mucho tiempo pensé que había perdido mi dignidad junto con mi pierna. Me daba vergüenza salir de casa. Me daba vergüenza pedir ayuda.