—Quiero decirte algo —murmuró.
—Te escucho.
—Todavía me duele lo que pasó aquella noche.
Él asintió.
—Lo entiendo.
—Pero también recuerdo todas las veces que sí estuviste conmigo. Y quiero que sigamos construyendo buenos recuerdos.
Travis la abrazó con cuidado.
—Te quiero muchísimo, Kaylee.
—Yo también te quiero.
Mi padre observaba la escena desde su silla.
Cuando Travis se acercó para agradecerle, Duane le dio una palmada en el hombro.
—Parece que estás aprendiendo, muchacho.
Travis sonrió.
—Gracias a usted.
Mi padre negó con la cabeza.
—No. Gracias a esa niña que tuvo el valor de decirte cuánto la lastimaste.
Unas semanas después, antes de partir a la universidad, Kaylee nos reunió en la sala.
Traía dos fotografías enmarcadas.
La primera mostraba a mi padre caminando con ella por la cancha, apoyado en su bastón, mientras el gimnasio entero aplaudía.