Élodie acarició su cabeza.
—Lo siento muchísimo —susurró—. Lo siento, mi amor.
Néro levantó el hocico.
Lucas hizo un pequeño ruido desde los brazos de su madre.
El perro giró inmediatamente la cabeza.
Se acercó despacio y olfateó los pies del bebé.
Después se tumbó junto a la silla.
No intentó subir.
No intentó tocarlo más.
Simplemente se quedó allí.
Como había hecho junto a la carretera.
Como si finalmente hubiera recibido permiso para descansar.
No sé qué será de Néro en el futuro.
Las decisiones sobre su convivencia con Lucas y su familia deberán tomarse con cuidado, teniendo en cuenta la seguridad de todos y el bienestar del animal.
Tampoco sé si algún día volverá a caminar por aquella carretera sin recordar lo que ocurrió.
Pero hay algo que sí sé.
Durante nuestra primera intervención, tres personas habían descrito a Néro como un perro peligroso.