Me reí.
—Le preguntas a la peor persona.
—Precisamente por eso.
Pensé mucho.
—Si para que alguien se quede necesitas controlar información, presión, dinero o familia…
Pausa.
—Ya no estás luchando por amor.
Estás luchando por control.
—¿Y si la persona se va por miedo?
—Puedes dejar una puerta abierta.
Pausa.
—Pero no arrastrarla de vuelta.
Theo asintió.
—Eso suena aprendido con dolor.
—Muchísimo.
Después preguntó:
—¿Volverías a buscar a mamá si pudieras regresar a aquellos cuatro años?
—Desde el primer día.
—¿Aunque estuvieras enojado?
—Sí.
Pausa.
—Pero primero habría preguntado qué hice yo para que creyera que desaparecer era más seguro que hablar conmigo.
Theo se quedó callado.
—Eso es muy terapia.
—Estoy viejo.
Tengo frases.
Clara escuchó desde la puerta.
Más tarde me dijo:
—Antes no habrías respondido eso.
—No.
—Habrías dicho que me encontrabas y me traías de vuelta.