Su familia.
Su forma de comportarse.
—Trabajaba.
—En diseño.
—Sí.
—No entendía nuestro entorno.
—Aprendía.
—No era suficiente.
La miré.
—¿Para ti?
—Para la familia Reed.
Me reí.
—Yo soy la familia Reed.
—Sebastian.
—Y elegí casarme con ella.
—Te equivocaste.
Ahí estaba.
La verdad.
Mi madre no había pensado que ayudaba a un matrimonio infeliz.
Había corregido una elección que despreciaba.
—No volverás a acercarte a los niños.
Su rostro cambió.
—No puedes impedir…
—Puedo impedir que yo facilite el contacto.
Y Clara también.
—Son mis nietos.
—Tú decidiste que no eran aceptables antes de nacer.
—Eso fue distinto.
—No.
Pausa.
—Solo que ahora tienen cara.
Mi madre se levantó.
—Estás exagerando por culpa.
—Sí.
—¿Qué?
—Tengo culpa.
Mucha.
Pausa.
—Pero esto no es exageración.
Es una frontera.
—Soy tu madre.
—Y Clara era mi esposa.
Pausa.
—Parece que los títulos familiares no impiden hacer daño.