Algo dentro de mí se congeló.
Un mes antes, Daniel me había pedido la escritura original.
Según él, el banco necesitaba revisar los bienes que tendríamos después del matrimonio para concederle un préstamo.
Nunca me la devolvió.
—Daniel.
—¿Qué?
—¿Dónde está la escritura?
Su mirada vaciló apenas.
—En mi coche.
Extendí la mano.
—Tráela.
Patricia golpeó la mesa.
—¡Dentro de dos días vas a formar parte de esta familia y todavía estás desconfiando!
Entonces vi el dormitorio.
Mis prendas estaban sobre la cama.
Varias cajas junto a la puerta.
Habían empezado a vaciar mis armarios.
No habían venido a preguntarme nada.
Habían venido a mudarme.
Daniel bajó la voz.
—No hagas esto desagradable. Mi madre va a darte un regalo de boda muy generoso. Tú también tienes que demostrar compromiso.
Metí la mano en el bolso.