Dos días antes de casarme gané la lotería. Esa noche mi prometido quiso regalarle mi casa a su hermano

No muchísimo.

Pero había perdido algo de aquella energía dominante que siempre había llenado cualquier habitación.

—Te ves bien.

—Gracias.

—He leído sobre tu fundación.

Eso me sorprendió.

—Es pequeña.

—Daniel me habló.

Silencio.

—¿Cómo está?

La pregunta salió naturalmente.

No significaba que quisiera volver.

Cuatro años de amor dejan curiosidad.

—Bien.

—Me alegro.

Patricia miró hacia el suelo.

—Está saliendo con alguien.

Sentí algo.

Una punzada breve.

No celos.

La sensación extraña de saber que una casa donde viviste emocionalmente ahora tiene otra persona dentro.

—Espero que sea feliz.

Patricia me observó.

—¿Eso es todo?

—¿Qué más?

—No sé.

Nos quedamos calladas.

Después dijo:

—Yo estaba equivocada.

No esperaba aquello.

—¿Sobre qué?

—La casa.

Asentí.

—Sí.

Sonrió con tristeza.

—Sigues siendo muy directa.

—He practicado.

Eso casi la hizo reír.

Después volvió a ponerse seria.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *