—Explícate.
—Antes de que don Julián ordenara alterar el sistema informático general del hospital, una enfermera instrumentista jefe copió el registro de entrada de material quirúrgico de esa noche en un libro físico de papel foliado —explicó Beltrán con rapidez nerviosa—. El libro de balance de narcóticos y suturas absorbibles. Es un libro que el Ministerio de Sanidad exige archivar físicamente durante treinta años en el sótano de suministros del hospital. Nadie lo revisó porque don Julián solo se preocupó por destruir los expedientes médicos digitales y los informes de admisión.
El corazón comenzó a martillarme contra las costillas con una fuerza salvaje.
El libro de balance de narcóticos.
Como exjefa de obstetricia, conocía perfectamente ese protocolo.
Cada ampolla de fentanilo y propofol utilizada en una cirugía debía ser firmada manualmente por el cirujano y el anestesiólogo en el mismo momento en que se extraía del casillero blindado de farmacia.