—Te traje el desayuno de aquella pastelería que solías frecuentar cerca de la clínica —agregó, señalando con la barbilla una bolsa de papel timbrada que el chófer sostenía detrás de él—. Sé que aún recuerdas el sabor del hojaldre de manzana.
—Este es un centro de salud pública comunitaria, señor Mendoza —respondí con una voz neutra, carente de cualquier entonación emocional—. Los pacientes de la comarca empezarán a llegar en quince minutos. Diga lo que tiene que decir y márchese.
El uso del tratamiento formal pareció golpearlo en el rostro con más fuerza que una bofetada física.
Sus cejas se juntaron en un pliegue severo.
—¿”Señor Mendoza”? —repitió con ironía amarga—. Sigo siendo tu marido ante la ley eclesiástica, Valeria. El divorcio civil fue solo un papel administrativo para calmar la presión mediática de la junta directiva en aquel momento.