El heredero de la infamia

Un trazo que yo había visto miles de veces en documentos oficiales, acuerdos prenupciales y escrituras de propiedades.

No era la firma de un amante anónimo.

Era la firma de Julián Mendoza.

El padre biológico de Mateo. El hombre que acogió a Camila en su hogar bajo el pretexto de una adopción caritativa cuando ella apenas era una adolescente huérfana.

Mi pulso latía desbocado en la base de mi cuello.

Recordé la noche en que todo estalló.

Recordé a Julián Mendoza sentado en la cabecera de la mesa del comedor imperial, con su habitual semblante severo y respetable, bajando la mirada mientras su hijo me rompía los huesos en el vestíbulo.

Julián no había intentado detenerlo por piedad hacia mí.

Había guardado silencio para salvar su propio pellejo y preservar la fachada impoluta de la dinastía familiar.

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