El heredero de la infamia

Tomé un folio membretado que descansaba sobre mi mesa de caoba en Ginebra y lo acerqué al escáner de transmisión documental.

—En este instante, el Tribunal Federal de Comercio de Zúrich ha ratificado la titularidad legítima de la fundación tenedora suiza sobre cada una de las doce patentes de la línea de desarrollo biotecnológico.

La imagen del documento oficial, con los sellos rojos de la confederación helvética, apareció en la pantalla dividida en Monterrey.

El director del equipo jurídico de los Garza se inclinó sobre el monitor, revisó los códigos de validación y retrocedió dos pasos, pasándose la mano por la nuca con evidente desaliento.

—Mariana… por favor —la voz de Sebastián cambió de tono de forma abrupta, pasando de la intimidación arrogante a una súplica desesperada—. Hay dos mil quinientos empleos en juego en el parque industrial. Si las patentes quedan congeladas, los bancos ejecutan el embargo precautorio el viernes por la tarde.

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