El heredero de la infamia

Mi teléfono satelital vibró suavemente sobre la mesa plegable.

Era una notificación de mensajería cifrada proveniente de Ginebra.

El doctor Weber, genetista jefe del laboratorio biomolecular con el que habíamos colaborado durante años en Suiza, acababa de cargar el informe final.

Abrí el archivo adjunto en formato PDF protegido por contraseña.

Mis dedos no temblaban ahora.

Eran firmes, fríos, guiados por la certeza implacable de la justicia calculada.

Fui directo a la sección de conclusiones periciales.

El análisis comparativo entre el perfil genético de Sebastián Garza (obtenido de su cepillo dental y muestras de sangre archivadas en la empresa) y el ADN fetal remitido por el doctor Morales arrojaba un resultado concluyente:

«Probabilidad de paternidad biológica: 0.000%».

«Exclusión absoluta de paternidad en los dieciséis marcadores microsatélites analizados».

Un jadeo silencioso brotó de mis labios.

No era tristeza.

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