El heredero de la infamia

Morales respiraba con dificultad.

Se aflojó el cuello de la bata médica.

—Ella… ella se hizo una amniocentesis hace tres semanas por sospecha de anomalía cromosómica —admitió con voz quebrada—. El remanente celular todavía está en criopreservación en el depósito central antes de su incineración reglamentaria.

—Excelente —dije, retirando el pagaré y guardándolo en mi bolso de mano—. Entréguemelo en este contenedor térmico antes de las ocho de esta noche. Y a cambio, este documento será destruido en su presencia, junto con un cheque de caja adicional para que salde el resto de sus compromisos financieros.

Morales tragó en seco y asintió con la cabeza, derrotado.

El hombre que Sebastián creía tener bajo su control absoluto se acababa de convertir en mi peón más decisivo.

Los días previos al parto fueron una pesadilla de microtensiones que amenazaban con estallar a cada segundo.

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