Si el niño nacía y era reconocido legalmente antes de la oferta pública de venta en bolsa, las cláusulas de protección patrimonial se activarían automáticamente.
Yo quedaría reducida a una socia minoritaria sin derecho a veto, obligada a presenciar cómo la amante de mi marido y su vástago se apoderaban del trabajo de toda mi vida.
Pero debajo de los documentos fiduciarios había algo todavía más perturbador.
Una serie de recibos de pago emitidos por una clínica de reproducción asistida en Guadalajara, a nombre de Camila Estrada.
Y adjunto a los recibos, una orden médica confidencial para un procedimiento de fertilización in vitro con donación de gametos masculinos.
Mi corazón dio un vuelco violento contra las costillas.
Leí el documento tres veces, asegurándome de que mis ojos no me engañaban en la penumbra.