—Señoría, ¿puedo enseñarle algo que mamá no sabe?
La voz de Noah apenas se escuchó en la sala.
Julian dejó de sonreír.
La jueza Thorne miró al defensor del menor, quien se inclinó para escuchar al niño.
—¿Qué quieres mostrarme, Noah?
Mi hijo abrazó su osito.
—Un video. Lo guardé porque papá dijo que nadie me creería.
Sentí que el corazón se me encogía.
Julian se levantó inmediatamente.
—¡Esto es absurdo! ¡Un niño no puede presentar pruebas sin autorización!
—Siéntese, señor Vance —ordenó la jueza.
Tras consultar con el defensor, autorizó que se examinara la grabación.
Noah sacó una pequeña memoria USB del interior de su osito.
Reconocí aquel juguete.
Se lo había regalado mi padre antes de morir.
Nunca imaginé que algún día protegería a mi hijo de su propio padre.