Y aunque todavía me duele pensar en lo que pudo haber sido diferente, agradezco haber llegado a tiempo para conocer la verdad.
Porque la historia que encontré dentro de aquel sobre no era solamente la de un esposo que intentó cuidar a su mujer.
Era también la de una mujer que tuvo que aprender, a los ochenta años, que vivir no consiste en encontrar una explicación para todo.
A veces consiste en tener el valor de reconocer que algo no está bien.
Pedir ayuda.
Hacer preguntas.