Permanecí nueve días hospitalizada.
La recuperación no fue sencilla.
Tenía una herida larga en el abdomen.
Me costaba levantarme.
Necesité ayuda para caminar durante los primeros días.
Una enfermera llamada Lorena fue quien consiguió que me pusiera de pie cuando yo insistía en que todavía no estaba preparada.
—Vamos, doña Elena —me decía—. Despacito. No vamos a correr ninguna carrera.
Recuerdo haberle respondido:
—A mi edad, hija, ni aunque me paguen.
Se rio.
Y me ayudó a dar los primeros pasos.
El resultado definitivo llegó en febrero.
Era benigno.
No había cáncer.
Cuando la doctora Cárdenas me llamó personalmente para confirmarlo, lloré de alivio.