Y las desperdicié todas.
No porque hubiera decidido desobedecerlo.
Sino porque no sabía lo que contenían.
El sobre color crema seguía guardado en mi buró.
A pocos metros de la puerta por donde entraban aquellas cartas.
Dentro estaban las instrucciones.
Arturo me había explicado exactamente qué hacer.
Pero yo había prometido no abrirlo hasta que sucediera algo que no pudiera explicar.
Y durante años fui capaz de explicarlo todo.
Cuando me dolió la rodilla y dejé de subir escaleras durante varios días, me dije que era la edad.
Cuando perdí peso sin proponérmelo, pensé que era porque comía menos desde que vivía sola.
Cuando la cintura de mis pantalones comenzó a apretarme, compré ropa más grande.
Y cuando mi abdomen creció tanto que ya no podía agacharme,