Me decía que eran parte de un beneficio de salud proporcionado por su empresa.
Una vez al año, un automóvil pasaba por mí.
Me llevaba a una clínica privada.
Me tomaban la presión.
Me hacían análisis de sangre.
Y realizaban un estudio del abdomen.
Yo siempre había creído que era un programa de prevención ofrecido por la compañía de seguros.
Pero según el expediente, aquello era otra cosa.
Era un estudio médico de seguimiento a largo plazo.
Y yo aparecía registrada como participante.
Daniel regresó al hospital el jueves por la tarde.
Llevaba el sobre color crema dentro del bolsillo de su chamarra.
Se sentó junto a mi cama.
Durante unos segundos lo sostuvo entre las manos.
Después me lo entregó.