—Beatriz Aranda.
Daniel levantó la cabeza inmediatamente.
—¿Qué dijiste, mamá?
Lo miré.
—Beatriz Aranda. Tu padre me habló de ella antes de morir.
Mi hijo palideció.
—Mamá…
—¿Qué sucede?
Daniel observó el expediente.
Después bajó la mirada.
—Hay algo que nunca te conté.
Sentí una punzada de miedo.
—¿Qué cosa?
Mi hijo tardó varios segundos en responder.
—Después de que papá murió, encontré una caja fuerte en el sótano.
Fruncí el ceño.
—¿Una caja fuerte?
—Estaba escondida detrás de unos estantes.
—Nunca supe que existiera.
—Yo tampoco.
Daniel se frotó las manos.
—Había contratos. Documentos médicos. Correspondencia con una institución de investigación.
—¿Y?
Mi hijo me miró con una expresión que no pude interpretar.
—Había una carpeta con tu nombre.
Sentí que el corazón comenzaba a latirme más rápido.
—¿Qué decía?
Daniel respiró profundamente.
—En la portada estaba escrito: