—¿Y de papá?
Emma miró hacia la cámara, como si supiera que yo estaba observando.
—También. Aunque todavía tiene que aprender a preparar mejores desayunos.
Noah se rio.
Me levanté de mi escritorio.
Subí las escaleras y entré en su habitación.
Los dos me miraron sorprendidos.
—¿Qué haces despierto, papá? —preguntó Noah.
Me acerqué a la cama.
—He venido a comprobar que todo está bien.
—Todo está bien.
Me senté junto a ellos.
Noah tomó mi mano.
Después tomó la de Emma.
Y durante unos segundos permanecimos los tres en silencio.
En aquella casa habían ocurrido demasiadas cosas terribles.
Habíamos perdido a Caroline.
Habíamos descubierto una traición.
Habíamos llorado a personas que nunca debieron morir.
Pero también habíamos encontrado algo que ninguno de nosotros esperaba.
Una familia.
Miré a mi hijo.
—¿Sabes una cosa, campeón?
—¿Qué?
—Durante mucho tiempo pensé que mi trabajo era protegerte de todo el mundo.