Por primera vez, decidí no resolverlo todo con mis propios métodos.
Noah necesitaba un padre.
No otro hombre que terminara desapareciendo de su vida.
El encuentro con Marcus Vane
Tres días después recibí una llamada.
Era Marcus.
—Vincent, viejo amigo. Tenemos que hablar.
—¿Sobre qué?
—Sobre los documentos que has encontrado.
No respondí.
Marcus soltó una carcajada.
—Siempre fuiste demasiado curioso.
—¿Mataste a Caroline?
El silencio al otro lado fue suficiente para que sintiera un escalofrío.
—No sabes lo que estás diciendo.
—Tengo su diario.
—Caroline era una mujer inteligente. Debería haberse ocupado de su familia en lugar de meterse en asuntos que no comprendía.
Apreté el teléfono.
—Era mi esposa.
—Y tú estabas demasiado ocupado con tus negocios para darte cuenta de lo que ocurría.
Aquello me dolió porque, en parte, era cierto.
Marcus continuó:
—Quiero los documentos. Dame la memoria y podemos olvidar todo.