Después de salir de la cárcel, no tenía adónde ir. Entonces, una mujer mayor me contrató. Me preguntó: «¿Por qué estuviste en la cárcel?». Y luego…

Escuché su respiración.

Finalmente, dijo algo que me heló la sangre.

—Tu padre no murió por casualidad. Pero yo no fui quien lo hizo.

—¿Quién fue?

—Daniel.

Russell anotó inmediatamente el nombre.

Trevor continuó:

—Daniel organizó todo. Tu padre iba a denunciarlo y hubo una pelea. Yo llegué después. Cuando lo encontré, ya estaba muerto.

Me temblaban las manos.

—¿Y por qué no lo denunciaste?

—Porque Daniel me amenazó. Me dijo que, si hablaba, acabaría igual que tu padre.

—Y después me utilizaste para encubrirlo.

—Intentaba protegerme.

Cerré los ojos.

—No vuelvas a llamarme.

Colgué.

Russell se levantó.

—Tenemos suficiente para solicitar nuevas actuaciones. Pero recuerda que una grabación o una conversación no sustituyen una investigación completa. Vamos a entregar todo a las autoridades.

Esa misma noche, los investigadores localizaron a Daniel Foster en un almacén situado a las afueras de Columbus.

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