Pero aquella tarde, cuando Nora llegó a mi casa con un sobre arrugado, todo cambió.
MI HERMANA CREYÓ QUE HABÍA ADOPTADO A UNA NIÑA DESCONOCIDA. EN REALIDAD, HABÍA ABIERTO SU HOGAR A LA HIJA QUE YO LLEVABA CINCO AÑOS LLORANDO.
Nunca recuperaremos los cumpleaños perdidos.
Ni las primeras palabras.
Ni sus primeros pasos.
Pero recuperamos algo que parecía imposible.
La oportunidad de construir nuevos recuerdos.