“La Novia que Escuchó Demasiado: La Venganza Perfecta de Valeria Montes”

PARTE 2

Me quedé debajo de la cama.
Sin moverme.
Sin respirar.
Escuché cómo Andrés entraba a la habitación.
Cómo se sentaba en el borde del colchón.
Cómo suspiraba.
—Valeria, cariño, ¿estás bien? —llamó con voz suave.
No respondí.
Se levantó.
Caminó hacia el baño.
Abrí la puerta del baño un segundo antes de que él entrara.
—¡Andrés! —dije, saliendo con una sonrisa—. Te estaba buscando. Pensé que te habías perdido.
Me miró.
Con esa sonrisa perfecta.
La que me había enamorado.
La que ahora me daba asco.
—No, cariño. Solo fui por mi reloj. Se me olvidó abajo.
—Ah, qué tonto eres —dije, riendo—. Ven, ayúdame a quitarme el vestido.
Mientras él me desabrochaba los botones de la espalda, mis manos temblaban.
No de miedo.
De rabia.
Pero sonreí.
Porque ya tenía un plan.

PARTE 3

A la mañana siguiente, me desperté antes que Andrés.
Bajé a la cocina.
Doña Rebeca ya estaba ahí, tomando café.
Me miró con esa sonrisa falsa.
—Buenos días, hija. ¿Dormiste bien?
—Como un bebé, suegra.
Me serví café.
Y dejé caer la primera bomba.
—Suegra, tengo que contarle algo. Anoche… tuve un sueño muy extraño. Soñé que alguien entraba a nuestra habitación mientras dormíamos.
Doña Rebeca se atragantó con el café.
—¿Qué? ¿Un sueño?
—Sí. Muy real. Tanto que grabé algo por si acaso. Por seguridad.
Saqué mi teléfono.
Y puse el audio.
El audio completo.
“Antes de que salga el sol, Valeria se verá como una loca…”
“Esa idiota de Valeria no sospecha nada…”
“Mañana diré que se despertó actuando de forma extraña, agresiva y paranoica…”
Doña Rebeca palideció.
Se levantó de un salto.
—¿Qué… qué es esto? ¿De dónde sacaste esto?
—De debajo de la cama, suegra.
Andrés entró a la cocina en ese momento.
Se quedó helado al ver la cara de su madre.
—¿Qué pasa?
—Pregúntale a tu madre —dije, pasándole el teléfono.
Andrés escuchó.
Y su cara se transformó.
De la sorpresa al pánico en tres segundos.
—Valeria, espera. Esto no es lo que parece…
—¿No? ¿Entonces qué es? ¿Un podcast? ¿Una obra de teatro?
Doña Rebeca intentó recuperar el control.
—Mira, muchacha. No sabes lo que estás haciendo. Andrés y yo podemos destruirte. Podemos decir que tú eres la inestable. Que tú nos amenazaste.
Me reí.
Una risa fría.
—Suegra, hay algo que no saben sobre mí.
Saqué mi cartera.

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