Miramos a Ellie, que corría por el jardín persiguiendo mariposas.
—Nos ayudó a encontrarnos otra vez —susurró Nora.
La abracé.
Hoy Ellie sabe que su historia es diferente a la de otros niños.
Sabe que hubo personas que hicieron cosas terribles antes de que pudiera defenderse.
Pero también sabe que nada de aquello fue culpa suya.
Y, sobre todo, sabe que es amada.
A veces me pregunta cómo era cuando nació.
Le cuento que tenía las manos diminutas y el cabello oscuro.
Que la sostuve apenas unos instantes.
Y que nunca olvidé su rostro.
Entonces me abraza y dice:
—Pero ahora estamos juntas, mamá.
Y yo respondo:
—Sí, mi amor. Ahora estamos juntas.
Durante cinco años creí que mi hija había muerto.
Lloré su ausencia.
Guardé su primera fotografía en una caja.
Y aprendí a vivir con un dolor que pensé que nunca desaparecería.