Mi suegra me afeitó la cabeza mientras dormía…

Mariana sintió que algo dentro de ella se detenía.

—¿Perdón?

—Ya no cocinas.

Llegas tarde.

Solo piensas en tu trabajo.

Te importa más esa empresa que tu familia.

Eleanor cruzó los brazos.

Mariana esperó una corrección.

Una broma.

Cualquier señal de que había escuchado mal.

No llegó.

—¿Me estás diciendo que esto está bien?

Daniel miró la franja afeitada.

Luego se encogió de hombros.

—El cabello vuelve a crecer.

Aquella frase golpeó más fuerte que las máquinas.

El cabello vuelve a crecer.

Como si la dignidad fuera cabello.

Como si la humillación pudiera medirse en centímetros.

Como si una persona pudiera ser atacada mientras duerme y simplemente olvidarlo semanas después.

Mariana permaneció inmóvil.

Entonces Eleanor habló.

—Mañana presentarás tu renuncia.

Mariana giró lentamente la cabeza.

—¿Qué?

—Renunciarás.

Después aprenderás a ser una esposa de verdad.

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