Su tiempo.
Sus recuerdos.
Y una vida donde yo pudiera seguir siendo independiente.
A mis sesenta y cuatro años descubrí algo que nunca es demasiado tarde para aprender.
No todas las personas que dicen protegerte están cuidándote.
Y no todas las personas que guardan secretos están intentando hacerte daño.
A veces, detrás de una puerta cerrada, no hay una mentira.
Hay alguien construyendo en silencio un lugar para ti.