Con una cocina pintada del color de tu infancia.
Con un pequeño escalón para una niña que quiere ayudar a lavar platos.
Y con una rampa de madera construida por un hombre que no quiere quitarte nada.
Sólo quiere asegurarse de que siempre puedas entrar y salir por tu propio pie.
Durante mucho tiempo pensé que volver a amar significaba dejar atrás a Ricardo.
Ahora sé que no es así.
El amor que viví con él siempre será parte de mí.
Y el amor que estoy construyendo con Ernesto no viene a reemplazarlo.
Viene a acompañarme en los años que todavía tengo por delante.
Mi hijo creyó que Ernesto quería quedarse con mi dinero.
Pero el hombre que realmente lo estaba tomando era él.
Y el hombre al que tanto temía no necesitaba un centavo de mis ahorros.
Sólo quería compartir conmigo su casa.