DESPUÉS DE QUEDAR VIUDA, ME ENAMORÉ DE UN HOMBRE QUE NUNCA ME PERMITÍA VISITAR SU CASA. MI HIJO ASEGURABA QUE SÓLO QUERÍA QUITARME EL DINERO DEL SEGURO DE MI ESPOSO. UN DÍA FUI A BUSCARLO SIN AVISAR Y ENCONTRÉ SU COCHERA ABIERTA. LO QUE DESCUBRÍ ADENTRO ME HIZO LLORAR.

Conocía sus costumbres.

Sabía cómo le gustaba el café.

Cuándo estaba preocupado.

Qué hacía cuando estaba triste.

Y cómo sonaba su risa cuando algo le parecía verdaderamente gracioso.

No quiero apresurarme a comenzar otra vida sin conocer bien a la persona con la que voy a compartirla.

Ernesto lo comprende.

Nunca me presiona.

Nunca me pregunta cuánto tiempo más necesito.

Sólo sonríe.

Y continúa construyendo cosas.

Ahora tenemos nuestras propias costumbres.

Los domingos cenamos en mi casa.

Preparo carne guisada o caldo.

Vemos las noticias.

Él lava los platos.

Yo los seco.

Los martes seguimos asistiendo al grupo de apoyo.

Ya no vamos únicamente por nosotros.

También ayudamos a las personas que llegan por primera vez.

A quienes todavía no saben cómo hablar de su pérdida.

A quienes se sientan en silencio con una taza de café entre las manos.

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