Javier todavía sonreía cuando marqué el 112.
—¿Vas a llamar a la policía por una copa de vino? —se burló.
No respondí.
Mercedes cruzó los brazos.
—Clara, estás haciendo el ridículo. Una esposa decente sabe cuándo obedecer.
Miré a aquella mujer que llevaba años humillándome.
—Entonces esta noche aprenderá algo nuevo, Mercedes.
Cuando llegaron los agentes, el gerente ya había revisado las cámaras de seguridad.
Las imágenes mostraban claramente a Javier arrojándome el vino mientras su madre sonreía.
Pero había algo más.
El gerente se acercó con la factura.
—Señora Morales, necesitamos aclarar una irregularidad. La reserva se hizo utilizando una tarjeta registrada a su nombre.
Sentí un escalofrío.
—Yo no hice ninguna reserva.
Javier dejó de sonreír.
El gerente continuó:
—También se intentó cargar el importe completo a esa tarjeta antes de traer la cuenta.