Pero sigue evitando el sillón junto a la ventana.
Creo que también carga con recuerdos que todavía le duelen.
Yo no he olvidado lo que hizo.
No podría.
Tampoco quiero fingir que no ocurrió.
Pero he decidido permitirle reconstruir nuestra relación mediante acciones.
No mediante promesas.
No mediante discursos.
Acciones.
Pequeñas.
Constantes.
Repetidas durante el tiempo que sea necesario.
En cuanto a Ernesto, tampoco nos casamos en Navidad.
Me preguntó nuevamente.
Yo le dije:
—Pregúnteme en Semana Santa.
Se rio.
—¿Y si me dice que espere hasta el próximo año?
—Entonces tendrá que ser paciente.
—Tengo experiencia esperando.
En Semana Santa volvió a preguntarme.
Le respondí que quería esperar hasta que comenzaran a caer las nueces del nogal.
Patricia dice que estoy volviendo loco al pobre hombre.
Quizá tenga razón.
Pero yo estuve casada casi cuarenta años con Ricardo.