—Es trabajo honrado, Julián. No tienes por qué avergonzarte.
Escuché que respiraba profundamente.
—Estoy empezando desde abajo.
—Tu abuelo también empezó desde abajo. Tu papá trabajó muchos años antes de poder darnos una vida tranquila.
Mi voz se suavizó.
—Lo importante es lo que hagas de ahora en adelante.
Julián comenzó a asistir a reuniones de apoyo para personas con problemas de apuestas.
Los miércoles por la noche.
En un salón comunitario.
Laura lo llevaba.
A veces esperaba afuera.
No sé si su matrimonio logrará recuperarse por completo.
Eso les corresponde a ellos.
Tampoco sé cuánto tiempo necesitará mi hijo para devolverme todo.
Probablemente muchos años.
Pero ha continuado haciendo pagos.
Y, más importante todavía, ha comenzado a comprender que una disculpa no borra una deuda ni restaura automáticamente la confianza.
La confianza también necesita tiempo.
En marzo Julián volvió a visitar la casa de Ernesto.