Ernesto pareció sorprendido.
—¿Por qué?
—Porque algunas cosas merecen quedarse.
Sonrió.
Y comprendí que me había entendido.
No necesitábamos borrar a las personas que habíamos amado para construir algo nuevo.
Ricardo seguiría siendo parte de mi historia.
Beatriz seguiría siendo parte de la suya.
Y quizá, si teníamos paciencia, encontraríamos una manera de compartir lo que quedaba de nuestras vidas sin fingir que todo lo anterior había desaparecido.
Lo que ocurrió después con Julián no fue sencillo.
No hubo una reconciliación inmediata.
No bastó con una disculpa.
Y tampoco desaparecieron de pronto las consecuencias de lo que había hecho.
No asistió a nuestra reunión de Navidad.
Pero unos días después recibí un sobre.
Dentro había un cheque por una cantidad importante.
Y una nota.
«Vendí el reloj».
Lo había comprado con parte del dinero que me sacó.