DESPUÉS DE QUEDAR VIUDA, ME ENAMORÉ DE UN HOMBRE QUE NUNCA ME PERMITÍA VISITAR SU CASA. MI HIJO ASEGURABA QUE SÓLO QUERÍA QUITARME EL DINERO DEL SEGURO DE MI ESPOSO. UN DÍA FUI A BUSCARLO SIN AVISAR Y ENCONTRÉ SU COCHERA ABIERTA. LO QUE DESCUBRÍ ADENTRO ME HIZO LLORAR.

Se quedó de pie.

Con las manos en los bolsillos.

—Mercedes Salinas, no soy un hombre de grandes discursos.

Se escucharon algunas risas.

—Trabajé muchos años con cables, herramientas y planos. Se me da mejor construir cosas que explicar sentimientos.

Me miró.

—No quiero reemplazar a Ricardo.

Sentí que el pecho se me apretaba.

—Su sillón puede quedarse donde está. Y las rosas de Beatriz también seguirán creciendo junto a esta casa.

Hizo una pausa.

—No quiero borrar nada de nuestras vidas anteriores.

Sus ojos comenzaron a humedecerse.

—Sólo quiero saber si me permitiría acompañarla durante los años que nos queden.

Me llevé una mano a la boca.

Ernesto continuó:

—Y si algún día quiere casarse conmigo, sería el hombre más afortunado de Nuevo León.

Algunas personas comenzaron a llorar.

—Pero no tiene que responder ahora.

Señaló la rampa.

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