Cuando escuchas una noticia y buscas a alguien para comentarla.
O cuando preparas demasiada comida porque todavía no has aprendido a cocinar para una sola persona.
Mis hijos intentaron ayudarme.
Tengo dos.
Julián, de cuarenta y un años.
Y Carolina, de treinta y siete.
Carolina está casada y tiene dos niños, Sofía y Emiliano.
Julián también está casado. Su esposa se llama Laura.
Después de la muerte de Ricardo, Julián insistió en encargarse de mis cuentas bancarias.
—Mamá, ya no tienes que preocuparte por esas cosas —me dijo—. Yo puedo administrar todo desde el teléfono.
Al principio me negué.
Siempre había sido independiente.
Trabajé durante décadas.
Pagaba mis servicios.
Revisaba mis estados de cuenta.
Y sabía perfectamente cuánto dinero tenía.
Pero estaba agotada.
Había pasado meses cuidando a Ricardo durante sus problemas de salud anteriores.