La misma cantidad.
El mismo destinatario.
Continué revisando.
Doce meses.
Cuarenta y cinco mil seiscientos dólares.
Me quedé mirando la cifra.
No recordaba haber autorizado aquellas operaciones.
Llamé nuevamente al banco.
Pedí estados de cuenta de un periodo anterior.
Cuando llegaron, descubrí que las transferencias habían comenzado mucho antes.
Veinticuatro movimientos.
Noventa y un mil doscientos dólares.
El dinero del seguro de Ricardo había estado saliendo de mi cuenta durante dos años.
Sin que yo lo supiera.
Miré el nombre del destinatario.
JLC.
Julián López Cárdenas.
Mi hijo.
El mismo niño cuyas iniciales había bordado en una mochila cuando comenzó la primaria.
El mismo muchacho que sostuvo la mano de Ricardo en el hospital y prometió cuidarme.
El mismo hombre que ahora me advertía que Ernesto quería robarme.
Sentí un dolor tan fuerte que tuve que apoyar ambas manos sobre la mesa.