Miré el sobre.
—¿Qué decía su carta?
Ernesto dudó.
—Le expliqué que no necesitaba dinero. Que tenía mis propios ahorros. Que incluso estaba dispuesto a firmar los documentos que su abogado considerara necesarios para proteger su patrimonio.
Hizo una pausa.
—También le pedí ayuda para construir la rampa.
Me quedé inmóvil.
—¿Le pidió ayuda?
—Sí. Pensé que le gustaría hacer algo por usted.
Miré otra vez la frase escrita por mi hijo.
«Aléjate de mi madre».
Sentí una tristeza profunda.
Ernesto no había intentado apartar a Julián.
Había tratado de incluirlo.
Y mi hijo había respondido con una amenaza.
Durante unos minutos permanecimos callados.
Después recordé el saldo bancario que había visto aquella noche.
Más bajo de lo esperado.
Demasiado bajo.
—Ernesto —pregunté—, ¿usted sabe revisar estados de cuenta?
Sonrió ligeramente.
—Durante treinta años tuve que revisar los de mi empresa.