EL NOVIO DE MI MADRE DE 72 AÑOS SIEMPRE SE IBA ANTES DE LAS 7:30 DE LA NOCHE, Y TODOS CREÍAMOS QUE TENÍA OTRA MUJER. PERO UNA NOCHE MI HIJA DE 15 AÑOS LO SIGUIÓ Y REGRESÓ LLORANDO, CON SU VIEJO MALETÍN ENTRE LOS BRAZOS. CUANDO LO ABRIMOS, MI MADRE SE LLEVÓ LAS MANOS A LA BOCA. ENTONCES MI HIJA SUSURRÓ: «ABUELITA, ESO NO ES LO PEOR. VI A QUIÉN LE LLEVA ESTAS COSAS TODAS LAS NOCHES».

Después encontramos un pequeño gorrito tejido.

Era amarillo.

Tan diminuto que parecía hecho para una muñeca.

También había una pulsera de hospital.

Y una fotografía.

En la imagen aparecía Roberto sentado junto a una cama de hospital.

A su lado había una niña pequeña.

Tenía el rostro delgado.

Los ojos grandes.

Y una sonrisa que iluminaba toda la fotografía.

Roberto sostenía su mano.

Ambos parecían estar riéndose.

Mi madre levantó la imagen.

—¿Quién es esta niña?

Camila se dejó caer en una silla.

Las lágrimas seguían bajando por sus mejillas.

—Se llama Lucía.

Mi madre se quedó inmóvil.

—¿Lucía?

—Tiene seis años, abuelita.

Camila se limpió la cara con la manga.

—Seguí a Roberto hasta un hospital infantil.

Sentí que se me helaba la sangre.

—¿Un hospital?

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