Cuando Ethan se sentó en una mesa, el hombre se acercó a ella.
—Necesito hablar contigo.
Harper miró las mesas que aún tenía que atender.
—Si es algo importante, tendrás que esperar a que termine mi turno.
Roman miró alrededor.
Por primera vez en su vida, parecía dispuesto a aceptar que no todo el mundo tenía que adaptarse inmediatamente a sus horarios.
—Esperaré.
Y lo hizo.
Durante casi dos horas permaneció sentado con su hijo, hablando de la escuela, de películas y de los planes que Ethan quería hacer cuando estuviera completamente recuperado.
No llamó a nadie para que le trajera un coche.
No exigió una mesa privada.
No hizo que los demás clientes se apartaran.
Simplemente esperó.
Cuando Harper terminó su turno, se acercó a la mesa.
Roman sacó un sobre del bolsillo interior de su chaqueta.
—Quiero darte las gracias.